Sunday, September 10, 2017

Las edades del poeta

(Esbozo para una biografía de Enrique Catani)


Las edades del poeta (Esbozo para una biografía de Enrique Catani)
Prefacio 
Nueve de Julio, ciudad en el oeste aletargado,
quietud de pueblo de provincia, de calles polvorientas;
imagen de luces mortecinas..., lejano pasado.
Quiso el destino en esas horas que parecían lentas,
apenas nacido el siglo veinte, en un año dorado,
que allí viera la luz, lozano árbol de mejores vetas.
¡Feliz de ti floreciente aldea! que encuentras tu meta;
¡has sido elegida cuna de un grande y noble poeta!.

Infancia
Desde niño su sensible talento, fervor de fuego,
le abrió paso a la imagen poética, a la belleza.
Y, así, cerca de las bellas letras y del trivial juego
cantó al amor, contra la vulgaridad y la tibieza.

Adolescencia
Tenía su violín algo de extraño, acaso distinto. 
¿Era, tal vez, algo mágico?... Mas no, esa melodía
se fundía en difuso resplandor, almagre y tinto,
y encendía su fulgor, ardiente sol del mediodía.

Juventud
Proficua juventud, preludio de dechado destino,
con el místico y fascinador efluvio de las musas,
fue allí donde descubrió su ideal, un camino.
...Y cantó a su ciudad, a la vida esencial, a sus cosas.

Adultez
Su lirismo fue genial, su prosa sutil e incisiva;
fino estilo tuvo el escritor, corazón grande el maestro. 
Parco ante el panegírico y complaciente en la diatriba;
sabía abrevar de dulces fuentes: su lumen y su estro.

Epílogo
A las puertas del paraíso, ahí puesto por la muerte,
le aguardaban Virgilio y Dante entre la celestial bruma.
-¿Merezco tanto?, pensó el poeta, ante tamaña suerte
mientras ofrendaba toda su riqueza: un libro y una pluma.
Héctor José Iaconis

Saturday, September 09, 2017

Las primeras industrias y la energía eléctrica en los orígenes de 9 de Julio


 * Por Héctor José Iaconis.
El29 de abril de 1852, en el periódico Los Debates, el general Bartolomé Mitre se refería al problema de las fronteras con al aborigen, que consideraba “una de las herencias que nos ha dejado la dictadura”[1]. En el prolongado artículo aprovechaba para explicar su pensamiento, a ese respecto. Sugería, así, el establecimiento de “colonias militares ganando terreno sobre los salvajes[sic]”[2], y el empleo de los efectivos de la milicia para los trabajos públicos en aquellos lugares donde se hallaban acantonados, entre otros aspectos.
En octubre de 1862, el general Mitre fue elegido presidente de la República. La seguridad de las fronteras, de la campaña de la Provincia, se convirtió en un proyecto esencial, entre los que se propuso desde el principio de la gestión. Ese proyecto encontró  acogida y solicitud en su ministro de Guerra y Marina, general Juan Andrés Gelly y Obes.
La consecuencia inmediata es la expedición de Julio de Vedia contra los ranqueles, realizada a fines de 1862 y principios de 1863. Las tropas llegaron hasta Leuvucó y Trenel y provocaron la desbandada de los indígenas que no pudieron evitar la perdida de por lo menos 50 hombres[3].
El comandante de Vedia, hermano político de Mitre, revistaba como jefe de la Frontera Oeste, con asiento en Bragado, desde mayo de 1860[4]. No obstante,  su expedición a los ranqueles no había resultado del todo efectiva,  significaba la “penetración más profunda al corazón de la pampa hasta entonces”[5].
En mayo de 1863, de Vedia recibía la efectividad en el rango de coronel[6].  El doctor Zevallos parece dar a interpretar que ese ascenso era una forma de recompensa por aquella campaña, a la cual denomina “sableada feliz en medio de tantas derrotas[7]”... Hoy podemos permitirnos dudar de ello.

La fundación de un pueblo, en Cla Lauquen

Ciertamente, con bastante anticipación a la fecha concreta de fundación, el coronel de Vedia, proyectaba establecer la comandancia en un punto más alejado, el lugar denominado “Tres Lagunas” (Cla Lauquen), como una manera segura de avanzar fuera de la línea de frontera. De hecho, en diciembre de 1860 había solicitado en arrendamiento “un terreno de propiedad pública, afuera de fronteras”[8], con intención de poblarla.  Dos años más tarde la mensura fue diligenciada por el agrimensor Miguel Vaschetti[9] quien, al tiempo, realizaba otras en las inmediaciones del paraje[10].
Algunos planos de comienzos de 1863 ya versan la inscripción “Fortín proyectado por el Coronel de Vedia para establecer en él la Comandancia del Centro”, en la zona de Cla Lauquen.  En un plano fechado el 20 de agosto de 1863, se encuentra trazado algo así como el proyectado ejido de un pueblo, con la inscripción “Nueve de Julio (Comandancia del Centro)”[11]. Estos, como otros indicios, dan lugar a comprender acerca la antelación con que el jefe de frontera preveía la nueva ubicación del campamento militar, y la creación del pueblo[12].
Hacia la mañana del lunes  26 de octubre de 1863, el coronel de Vedia marchó con rumbo a “Tres Lagunas”. Movilizaba consigo 2 jefes y 11 oficiales de la comandancia; 2 jefes, 20 oficiales, 260 soldados de tropa y 87 familias, del Regimiento 5º de Caballería; 2 jefes, 15 oficiales, 213 soldados y 38 familias, del Batallón 9º de Infantería; 2 oficiales y 87 soldados de una compañía de Guardias Nacionales; 5 oficiales y 100 soldados, de las 1ª y 2ª compañías del Regimiento 7º; 3 oficiales y 108 soldados, del Regimiento 18º; 13 oficiales, 104 soldados y 190 familias, de las tribus de Melinao y Rondeao; y 1 coronel graduado y 14 oficiales, de la tribu de Coliqueo[13]. Parte de esas fuerzas provenía desde Bragado y otras se hallaron acantonada en 25 de Mayo y en los fortines “El Mangrullo”, “Baldebenito” e “Hinojo”.
Al día siguiente, acamparon “al oeste de la laguna central de las Tres Lagunas[14]. Emilio Carballeda, uno de los civiles que arribó con las tropas, considerado “el primer comerciante”, relató parte de aquella experiencia en las ediciones del periódico “El Porvenir”, entre julio y agosto de 1903:

El coronel don Julio de Vedia, estableció su campamento circundando la laguna principal, punto estratégico, seguramente, que estorbaba a los Indios salvajes, que a continuo invadían los partidos de 25 de Mayo y Bragado. Servirle de apostadero para, después de sus largas jornadas, dar descanso a la caballada por algunos días, en un campo abundante de buenos pastos, como ser gramilla fina, trébol de olor, cebadilla y agua dulce. 
No era, pues, extraño, que disipando este paraje, solamente de diez o doce leguas de los partidos designados, los Indios invasores, en menos de una noche de marca, efectuaran en la madrugada sus malones, cautivando mujeres y niños, y llevándose las haciendas que encontraban en sus irrupciones[15].

En los días inmediatos, el coronel de Vedia ordenó la materialización de los primeros trabajos, a fin de  que, de ser necesario realizar cualquier movimiento, “pueda quedar aquí un piquete con toda seguridad”. En efecto, al cuarto día ya se había construido “un potrero para la hacienda, y el cuadro”[16].
De Vedia, comunicó de inmediato el general Gelly y Obes la nueva situación del campamento, explicando que había dispuesto para él la denominación de “Nueve de Julio”. El 3 de noviembre,  Gelly y Obes se dirigía al gobernador de la Provincia, Mariano Saavedra, para informar, entre más, que habiendo sido ocupado “el punto denominado Tres Lagunas”, “un gran número de vecinos solicitan formar un pueblo”. Al día siguiente, el gobernador contestaba al ministro, “persuadido de la conveniencia de fundar el mencionado pueblo en el paraje indicado”, tomaría “las medidas necesarias para la más pronta realización de su pensamiento”[17].
De esa forma, fueron sentadas las bases fundacionales del pueblo. Una comandancia militar que se adelantaba, conquistando un trozo más de tierra al aborigen, en un desierto poblado de vida.

Las primeras industrias

La necesidad de dar abrigo a la tropa y el proyecto de establecer el pueblo de modo definitivo motivó a de Vedia para contratar dos horneros poco antes de partir de Bragado. Aún así, los hornos de ladrillos no se levantaron inmediatamente, pues carecían de las herramientas manuales necesarias.
Las obras iniciales debieron realizarse con cierta lentitud. El 5 de noviembre, en una esquela que dirigía al general Mitre, de Vedia, escribía que “los trabajos siguen aunque lentamente; con sobrados brazos, nos escasean las herramientas. Hay entusiasmo por el nuevo pueblo”[18]. Diecinueve días más tarde, aún aguardaba quemar la primera hornalla y, para febrero, haber obtenido trescientos mil ladrillos[19].
Quemados los primeros ladrillos, éstos le servirían para construir el hospital, que a la sazón consideraba como una de las necesidades primordiales[20]. Carballeda, en su Memoria, expresa: 

... el general Vedia estableció dos hornos de ladrillo, que se elaboraba con soldados dirigidos por don Domingo Iraizos y Graciano Iriarte*. Pero, el ladrillo que se hacía, si bien era destinado para hacer cuarteles y habitaciones para la oficialidad, el entonces coronel Vedia, fomentando el progreso de la población, se los facilitaba a particulares, con condición de devolverlos, así que se establecieran hornos particulares, que no tardaron mucho en formarse[21].

A partir de entonces, con el surgimiento de esta, la primera industria, pudieron levantarse algunas construcciones más sólidas[22]. En abril de 1865 ya se existían 150 casas, edificadas con diferentes materiales.
Entre las primeras industrias surgidas en aquellos años, juntamente con los hornos de ladrillos, prosperó la de la  fabricación del pan.

El segundo poblador -prosigue el relato del comerciante- fue don Tomás Vío, quien a principios de enero de 1864, pobló un rancho de junco, en el ángulo Nort-Oeste y Sud-Este de la plaza delineada por el general Vedia, donde estableció una panadería, en la que se vendía pan de carocillo  por blanco...[23]

También la instalación de los molinos de harina, cuya rueda era movida por medio de una caballería fue un buen aporte al incipiente mercado fundacional; tal vez, poco antes de la partida del coronel de Vedia, hacia los campos de batalla del Paraguay. En una carta, datada en Nueve de Julio, el 24 de abril de 1865, dirigida por de Vedia a su amigo, el agrimensor Vaschetti, le indica: “la obra de la panadería va adelante” y cree “pronto [...] podrá mandas [Vaschetti] las atahonas”[24].
 En el primer lustro que siguió a la fundación del partido, puede advertirse, su aumento poblacional y productivo no habría sido tan significativo. Es que “en los comienzos, el núcleo inicial constituyó un centro de aprovisionamiento de las guarniciones de los fortines de la línea fronteriza, acusando sus actividades un carácter casi exclusivamente comercial”[25]
El censo nacional levantado en septiembre de 1869, arrojó un total de 3.045 habitantes, entre los cuales se componían 337 familias[26]. De aquel número, sólo 912 moraban en  el pueblo, los restantes en la dilatada zona rural.
Las unidades habitacionales, en el lapso de dos trienios había incrementado considerablemente. De las 413 viviendas que existían, tanto en el pueblo como en la campaña, 337 eran de paja, 2 de madera, 45 -presumiblemente construidas con ladrillo- de un cuerpo, y 20 de dos cuerpos[27].       
Con el incremento de la población, fueron desarrollándose el comercio y la industria, máxime en un pueblo donde el mayor florecimiento debía denotarse en la agricultura y la ganadería. En 1870, poco menos de siete años después de fundado el pueblo, y a cuatro de constituida la corporación municipal, existían 70 casas de negocios, de las cuales 48 se encontraban situadas en la planta urbana. Entre las industrias más importantes, según da cuenta un Registro de Patentes Fiscales,  sobresalían 3 panaderías, 2 herrerías, 4 hornos de ladrillo, 2 zapaterías, 1 atahona y 1 hojalatería[28].
No existen evidencias concretas, o al menos no han estado a nuestro alcance, sobre de la primer fuente de energía que surgiera en Nueve de Julio. Mucho menos, cual de ella -si la hubo- ha tenido primacía   en el desarrollo de la industria, en el decenio posterior a la fundación del pueblo
Por un lado, podría estimarse que el impulso más remoto, tanto en la manufactura como en otras expresiones de la actividad humana, en este pueblo, se hubiera recibido de la energía brindada por medio del combustible vegetal, entiéndase así, el uso de la leña, y los residios vegetales (pajas de gramíneas, o desechos producido por la poda o fragmentación de los árboles). También de las grasas y aceites animales, obtenidas en las faenas de la hacienda, muy apropiadas para la iluminación. O, quizá, de minerales como el carbón -empleado con la  leña- para el funcionamiento de la maquinaria a vapor.
El censo provincial levantado en octubre de 1881, registra que en el partido de Nueve de Julio, se hallaban sembradas 688 hectáreas de árboles destinadas  para la construcción y el combustible[29]. Desde mucho tiempo atrás se ha entendido a la leña como combustible muy apropiado pues, en estado de desecación, se creía: “ contiene de un 25 a un 30 por 100 de agua”, mientras  el “calórico varía sólo entre 2,80 y 2,60 calorías”[30]
Por otro lado, el mismo asiento sugiere que, entre las herramientas utilizadas en Nueve de Julio, podían hallarse 840 arados simples, 24 maquinas de segar, 50 rastrillos, 1 maquina de viento y 8 maquinas de tracción a sangre[31]. Hasta aquí, nada se insinuaba acerca de la existencia de maquinaria a vapor. Más aún, además de las de tracción a sangre, sólo es aparece citada “una máquina de viento”, tal vez se trate de un molino.
Más adelante, en las estadísticas recogidas por el mismo censo de 1881, se encuentra indicada la cantidad de industrias, instaladas por ese tiempo,  las cuales alcanzaban a 15, con capitales  de 4.788.000 pesos[32]. A estas debe sumarse la actividad del comercio, ya desarrollado, al punto de convertir al pueblo -y al partido- en “cabecera de una de las zonas comerciales importantes de la Provincia”[33].
Entre aquellas industrias, existentes en 1881, sobresale un molino de agua o vapor, cuyas inversiones -las más elevadas de entre los establecimientos existentes - ascendían a 3.360.000 pesos. Se trataba, sin dudas, del molino harinero que, un año antes, convino instalar Nicolás Gallo[34]; pues, al menos, en marzo de 1880, había solicitado autorización al Concejo Deliberante de Nueve de Julio para situarlo[35]. Éste debió funcionar, no sabemos si desde el principio, con maquinaria a vapor[36]. Para eliminar el agua que empleaban la maquinaria, en junio de 1887, se construía un sistema de canalización que llegaba hasta la denominada laguna de Malcorra, “fuera del radio del pueblo”[37]. Ello dio origen, más tarde, a la formación de una especie de  lavadero comunitario.
Recién en 1883, entre la maquinaria agrícola existente en el cuartel 6º, se cita la existencia  de un motor a vapor con cuatro ruedas[38]. Ello hace presumir que en el cuartel 1º y en el radio urbano de Nueve de Julio, existían otras máquinas similares[39].

La energía eléctrica. Su presencia en los orígenes del pueblo

Pero frente a la dificultad de ubicar temporalmente la aparición de determinadas formas de energía, surgen con mayor claridad indicios que nos permiten deducir la presencia de la  electricidad, como fuente de progreso para la naciente sociedad, a poco más de una década después de su fundación. Ello emerge de manera notoria con la instalación del telégrafo, pues: “si la electricidad no se ha podido todavía aplicar con ventaja a producir grandes fuerzas, puede sin embargo producirlas pequeñas, y poner en movimiento cuerpos que presenten poca resistencia, y que marquen diferentes señales instantáneamente a cualquier distancia del puntó en que se producen, por la prodigiosa velocidad del fluido eléctrico”[40].
Durante la década de 1870,  pudo comprobarse un notable incremento en la prolongación de las redes telegráficas. De 327 kilómetros de hilos en 1870, se alcanzó a 6.485, diez años después[41].

A mediados de 1875, el ministro de Guerra, doctor Adolfo Alsina, había enviado un mensaje, a la legislatura, exponiendo una especie de proyecto para la ocupación militar de tierras que, hasta entonces, se hallaban habitadas por los indígenas. Entre los requerimientos del ministro se encontraba la extensión de las líneas telegráficas, existentes hasta el momento, las cuales alcanzaban, según Walter, “hasta Chivilcoy, por el Oeste; hasta Rojas, por el Norte; y en dirección a Bahía Blanca, hasta Las Flores” [42], en la Provincia de Buenos Aires.

En los primeros días  de octubre, recibieron sanción las leyes que, de alguna manera, ponían en rigor el proyecto de Alsina, permitiendo la fundación de pueblos, y la organización de la nueva frontera.  La número 753, sancionada y promulgada en aquellos días, se refiere concretamente a los telégrafos entre Buenos Aires y las comandancias militares de la Provincia y su posible ramificación[43].  
Por otro lado, el 23 de diciembre de 1875, la legislatura de la Provincia de Buenos Aires, sancionaba la ley nº 1016, referida a la construcción de doce líneas telegráficas, una de las cuales -la duodécima- debía unir Bragado con  Nueve de Julio. Para la construcción de éstas, el gobierno provincial dispondría de hasta siete millones y medio de pesos, pudiendo tomar los recursos “de los fondos depositados por cuenta del empréstito de 1870, debiendo devolver dichas sumas al depósito tan luego como para las obras del puerto fuese necesario...”[44].
Esa empresa, llevada adelante “bajo la inmediata vigilancia del directorio del Ferrocarril del Oeste”[45], permitiría asegurar la comunicación de las fuerzas militares que se movilizaban sobre territorio del indio, formando nuevos centros de población, fortificaciones de línea.
La inauguración de la línea telegráfica a Nueve de Julio resultó, sin dudas, uno de los acontecimientos más benéficos en lo que iba del siglo XIX, conjuntamente con la prolongación de los rieles férreos, años más tarde.  Entonces, las características del pueblo no diferían, en gran magnitud, de las de aquellos caseríos de frontera, donde algunos progresos científicos parecían llegar con cierta lentitud[46].

La línea del telégrafo eléctrico [como se llamaba entonces], que por el ministerio de la Guerra se había ordenado construir por razones militares, se terminó conectándose esta con el correspondiente trasmisor y receptor el día 30 de julio [de 1876], librándose inmediatamente al servicio público, uniendo desde ese momento este rincón de la Provincia [...] con el resto del orbe...[47]

La gravitación que importaba esta inauguración puede entenderse más acabadamente, si se tienen en cuenta los medios de transporte a larga distancia que existían por entonces, de los cuales también  dependía el servicio de correos. El Ferrocarril del Oeste culminaba en Chivilcoy, lo cual obligaba al uso de las mensajerías o servicios de galera[48].
Aquel día de julio de 1876, las autoridades de la Corporación Municipal aprovecharon la feliz ocasión para remitir los primeros telegramas, informando la inauguración del servicio. Tres de ellos fueron dirigidos al gobernador de la Provincia, Carlos Casares, al general Julio de Vedia y al presidente del directorio de la empresa encargada de la construcción del  telégrafo, respectivamente[49].
Este año, en el país, estaban afectados al servicio telegráfico 254 empleados. Otros 16 se localizaban en la dirección general, 41 en Buenos Aires y 197 en servicio en el interior[50].
Este importante servicio, así como el de correos, debía insumir al gobierno un dispendio importante, especialmente su instalación de los pueblos fronterizos.“En pueblos -explica una Memoria del Ministerio del Interior de 1880- que empiezan a formarse, la institución del Correo y del Telégrafo nunca puede ser considerada como fuente de recursos. Se gasta cuanto es necesario para acercar a los hombres y vincularlos por medio de la más frecuente comunicación, no en vista de una renta inmediata sino como el medio de llegar a una época más o menos próxima a un estado de civilización y de progreso que compensen aquellos sacrificios...”[51].
A mediados de 1881, por medio de otra ley provincial, la legislatura bonaerense autorizó la construcción de otras cuatro nuevas líneas. Esta vez, “tan luego como los recursos públicos” lo permitían, los hilos se debían prolongar desde Nueve de Julio hasta San Carlos de Bolívar.



[1] ANDRÉS  R. ALLENDE, “Reiniciación de la Guerra con el indio en la Frontera del Sud de la Provincia en 1852”, Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Reunido en La Plata en los días 25 a 28 de septiembre de 1950..., La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia, 1952, t. II, p. 119.
[2] Ibidem.
[3] CARLOS MARTÍNEZ SARASOLA, Nuestros paisanos los indios, Buenos Aires, Emecé, 1993, p. 261.
[4] Archivo del Estado Mayor General del Ejército (en adelante, A.E.M.G.E.), Buenos Aires, Legajo personal de Julio de Vedia, flash, nº 13.424, f. 1v.
[5] FELIX BEST, Historia de las guerras argentinas. De la Independencia, internacionales, civiles y con el indio, Buenos Aires, Peuser, 1960, t. II, p. 365.
[6] A.E.M.G.E., Legajo personal..., cit. Cfr. Archivo del Instituto de Ayuda Financiera para el pago de retiros y pensiones militares, Buenos Aires, Sección de Pasividades, expediente nº 4.146,  1892,  Pensión a Lastenia Videla de Vedia, ff. 6-8.
[7] ESTANISLAO ZEVALLOS, Callvucurá y la Dinastía de los Piedra, Buenos Aires, Solar, 1994, p. 116.
[8] Archivo de la Dirección de Geodesia, Catastro y Mapa, La Plata, Partido de Nueve de Julio, Duplicado nº 1, Mensura de un terreno concedido a Julio de Vedia, 1862, f. 1.
[9] Ibidem, f. 1v ss.
[10] MEINRADO HUX, El General Julio de Vedia y la Fundación de Nueve de Julio (conferencia pronunciada en Nueve de Julio, en octubre de 1963), versión revisada y ampliada en 1997, p. 9.
[11] Ibidem.
[12] Ibidem, p. 10.
[13] HUX, op. cit., p. 12. Cfr. HUX, Los orígenes de Bragado, s.l., s.e., 1995, p. 145.
[14] BUENAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1938, p. 6.
[15] Crónica retrospectiva de la fundación de Nueve de Julio, trascripción en “El 9 de Julio”, año 93, nº 15210, Nueve de Julio, 27 de octubre de 2001, p. 11.
[16] Archivo del General Mitre (en adelante, AGM), “Presidencia de la República. 1862-1868”, Buenos Aires, Biblioteca “La Nación”, 1913, t. XXIV, p. 87.
[17] “El Nacional”,  año XII, nº 3404, Buenos Aires, 5 de noviembre de 1863, p. 2.
[18] AGM, “Presidencia de la República. 1862-1868”, cit, t. XXIV, p. 38s.
[19] De Julio de Vedia al General Mitre, Nueve de Julio, 24 de noviembre de 1863, Ibidem.
[20] Idem., 2 de diciembre de 1863, Ibidem.
* Existen algunas divergencias acerca de la identidad de los dos primeros horneros. Según VITA, op. cit, uno de ellos habría sido Antonio Maya. Otras referencias incluyen a Martín Baztarrica (Cfr. “La República”, revista ilustrada, año VII, nº 15, Buenos Aires, junio de 1926).
[21] CARBALLEDA, loc. cit.
[22] El 12 de febrero de 1864, el gobernador de Buenos Aires, Mariano Saavedra, expidió un decreto, a los efectos de proceder “a  la fundación de un nuevo pueblo que se denominará Nueve de Julio”. Asimismo comisionó al agrimensor Vaschetti para realizar la traza del mismo, trabajo emprendido en mayo del mismo año. El 19 de julio de 1865, fueron creados diez nuevos partidos, entre ellos Nueve de Julio.
[23] CARBALLEDA, loc. cit.
[24] Nota nº 90, de una colección epistolar dirigida por Julio de Vedia a Miguel Vaschetti, entre 1865 y 1867, cedidas gentilmente -en fotocopias- por el profesor Edgardo López.
[25] JUAN F. DE LÁZARO, “Nueve de Julio”, RICARDO LEVENE et al., Historia de la Provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos, La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia, 1941, t. II, p. 495.
[26] VITA, op.cit., p. 88s.
[27] Ibidem.
[28] VITA, op. cit., p. 99.
[29] Censo General de la Provincia de Buenos Aires. Demográfico, agrícola, industrial, comercial... verificado el 9 de octubre de 1881..., Buenos Aires, Imprenta de El Diario, 1883, p. 310.
[30] EMILIO BOUANT, et al., Nuevo Diccionario de Química aplicada a las ciencias, a las artes...Barcelona, Espasa y Compañía, circa 1888, t. I, p. 443.
[31] Censo General de la Provincia ...verificado el 9 de octubre de1881.cit., p. 314.
[32] Ibidem, p. 370.
[33] JUAN F. DE LÁZARO, loc. cit.
[34] Infra.
[35] Cfr. BUENAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900, (en adelante,  opera omnia) original mecanógrafo inédito de una versión primitiva de esta obra, la única que se conoce completa,  circa 1930, que se conserva en el Archivo y Museo Histórico “Julio de Vedia” de Nueve de Julio, p. 559.
[36] Contar con un establecimiento de estas características significó, para el pueblo, un valioso recurso para el comercio y la industria local. Debe tenerse en cuenta el escaso desarrollo  de estas factorías en el país; ese año, la importación de harina del extranjero hubo alcanzado a los 1.265.000 kilogramos (Cfr. ALEJANDRO BUNGE, “El Progreso de la República Argentina  en los cincuenta años de vida de «La Prensa»...”, en “La Prensa”, edición especial, 18 de octubre de 1919, p. 15).
[37] “La Defensa”, año I, nº 102, Nueve de Julio, 26 de junio de 1887, p. 2.
[38] VITA,  opera omnia p. 629.
[39] El uso de esta fuente de energía, hacia la década siguiente hubo alcanzado mayor desarrollo, quizá por la influencia del avance del ferrocarril. A mediados de la década de 1890 ya existían pequeñas fábricas movidas por maquinaria a vapor (Cfr. “El Porvenir”, año II, nº 144, Nueve de Julio, 25 de octubre de 1896, p. 3).
[40] EDUARDO RODRÍGUEZ, Manual de Física General Aplicada a la Industria y a la Agricultura, Madrid, Imprenta y Librería de la viuda e hijo de D. Eusebio Aguado, 1873, p. 583.
[41] JUAN CARLOS TOER (dir.), Historias del correo en la Argentina, Buenos Aires, Organización Coordinadora Argentina,  1993, p. 70.
[42] JUAN CARLOS WALTER, La conquista del Desierto, Buenos Aires, Círculo Militar (Biblioteca del Oficial, mayo-junio 1964, vol. 545-546), 1964, p. 491.
[43] Cfr. JERÓNIMO REMORINO (dir.), Anales de Legislación Argentina. Complemento 1852-1880, Buenos Aires, La Ley, 1954, p. 1016.
[44] FEDERICO KETZELMAN-RODOLFO F. DE SOUZA (comp.), Colección completa de Leyes del Estado y Provincia de Buenos Aires desde 1854 a 1929, Buenos Aires, Lex, 1930, t. IV, p. 684.
[45] Ibidem.
[46] Para la profesora Tapia, en aquellos años, “9 de Julio no era más que un modesto villorrio cuya única importancia radicaba en la gran cantidad de militares que con sus familias, daban movimiento a la línea de frontera, atacada periódicamente por los indios capitaneados por Calfucurá y Payné” (Cfr. GLORIA TAPIA DE ALVAREZ, Españoles en 9 de Julio, Pehuajó, Instituto Nacional de Enseñanza Superior, 1992, p. 13s.). Cabe destacar que los ataques al pueblo, por parte de los malones aborígenes, se registraron hasta alrededor de 1877. Uno de los más importantes aconteció, precisamente, el 8 de octubre de 1876.
[47] BUEVAVENTURA N. VITA, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1870-1877, monografía inédita presentada al Segundo Concurso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1947, p. 138.
[48] La extensión del ferrocarril hasta Bragado había sido convenida por ley del 19 de febrero de 1869. Otra del 27 de abril de 1874 se autorizaba la inversión de una considerable suma para diversas obras, entre ellas la prolongación hasta Bragado y Nueve de Julio. Lo cierto es que recién el 25 de junio de 1877, por acta del directorio del Ferrocarril del Oeste, fue librado el servicio hasta la estación Bragado (Datos proporcionados por Carlos A. González, jefe del Museo Nacional y Centro de Estudios Históricos Ferroviarios al autor,  el 4 de enero de 1994).
[49] VITA, Crónica..1870-1877, cit.,  p. 138ss.
[50] OSCAR OSZLAK, La formación del Estado argentino. Orden, progreso y organización nacional, Buenos Aires, Planeta, 1997, p. 329.
[51] Citado por PATRICIA NOEMÍ FERNÁNDEZ et al., “Reseña Histórica”, Dirección General de Correos y Telégrafos, Buenos Aires, Archivo General de la Nación, 1999, p. 13.

Friday, September 08, 2017

Buenaventura N. Vita, historiador de 9 de Julio

Buenaventura N. Vita, historiador de 9 de Julio

* Por Héctor José Iaconis
Muchas veces he recorrido, desde varios años atrás, los textos manuscritos y mecanógrafos, inéditos o impresos, completos o fragmentarios de Buenaventura N. Vita. Los he observado, primero con la inquietud de un adolescente que deseaba acercarse al pasado de su comunidad, en otras ocasiones, intentando hallar algún prurito de originalidad o una novedad luego de la relectura, y luego con la admiración de quien contempla una obra que, aunque perfectible, no deja de ser encomiable y de irradiar una luz que cautiva. Cada vez que penetro en un texto suyo parece surgir delante una novedad, algo nuevo, aún no revelado, que no había hallado en anteriores lecturas.
Las dos versiones que conocemos de Crónica Vecinal, el más extenso y trascendental de sus escritos, son la más viva expresión de un trabajo agudo y arduo. Si bien no son piezas de valor literario, pues la redacción tiende a poseer una sintaxis poco ágil que no por eso deja de ser límpida; ni tampoco una  obra ceñida estrictamente al rigor de la investigación científica, su indiscutible mérito  consiste en la propensión recurrente a presentar los acontecimientos de una manera nítida y veraz, acotada sobre todo a la inquisición de las fuentes documentales. Vita ofrece, de este modo, por primera vez, la historia de 9 de Julio a través de una relato llano que deja ver, incluso, el alma misma del ser nuevejuliense, el forjamiento de la identidad y de la idiosincrasia de una sociedad; y, de otro modo, también, aproxima al pensamiento mismo de su autor, un hombre amante de la verdad.
Los párrafos que siguen, de ningún modo puede considerarse un ensayo  biográfico acerca del primer historiador del Partido de 9 de Julio. Bien se ha dicho que el arte de la biografía está relacionado “con el destino del hombre”, con el “conocimiento del espíritu y de la penetración de los caracteres” y consiste en el “análisis psicológico, la percepción y el ordenamiento de una maquinaria interna, la capacidad de distinguir dentro de ella ejes, palancas, ruedas y engranajes cada vez más delicados”[1]. Una vida tan prolífica como la de Vita y la fructuosa obra emprendida a lo largo de aquella, requieren de un estudio mucho más acabado y profundo.
Tan siquiera pretendemos esbozar una semblanza breve, donde pueda citarse algo de su importante contribución al estudio del conocimiento histórico en 9 de Julio  y de sus desvelos por preservar las fuentes primarias y la información que ellas aportaban... Sirva, pues, este trabajo breve, como un humilde homenaje a Buenaventura Vita, aquel caballero de grandes dotes humanos que, siendo ilustrado y magnánimo, procuró ser esencialmente bueno.
- I -
UN HOMBRE Y SU TIEMPO
La mayor parte de la existencia de Buenaventura N. Vita transcurrió en 9 de Julio, lugar de su nacimiento. Solamente el tiempo que le demandó completar sus estudios universitarios permaneció fuera.
Su familia se había radicado a escasos años de la fundación del todavía el promisorio pueblo. Sus padres, Francisco Vita Molinari y Celestina Anunziata Magnoni Balbiani, ambos italianos[2], había contraído matrimonio en 9 de Julio a finales de 1881[3]. Poco menos de tres años más tarde,  el 22 de junio de 1884[4], nacía Buenaventura Noe, quien tempranamente, desde la primera infancia, comenzó a ser receptor de anécdotas y “pequeñas historias”, transmitidas por sus mayores, acerca de  los orígenes del pueblo.
Infancia y adolescencia
Sus estudios primarios los comenzó en 1890, en la Escuela Elemental nº 3, de 9 de Julio.  En una “Memoria” sobre sus años de estudiante, que redactó medio siglo más tarde, recordaba:
A esa escuela concurrí un breve lapso de tiempo; me inscribieron en el mes de junio, y a los pocos días de concurrir a clase, mi precaria salud hizo crisis y pasé el resto del año escolar enfermo y convaleciente[5].
Hacia febrero del año siguiente, sin embargo, fue inscripto en la Escuela Elemental de Varones Nº 1, que a la sazón dirigía el maestro Rafael Muzio. Para ese entonces, era el establecimiento educacional más prestigioso del lugar. Su director, a pesar de las discrepancias que más adelante mantendrá con otro educador, poseía buenos dotes educacionistas y, es evidente, marcó su influencia entre los alumnos.
La primera impresión –comenta Vita- que recibí, y [que] quedó profundamente grabada en mi cerebro, [...] fue la que me produjo el señor Muzio, de severidad paternal con el alumnado[6].
En su niñez ya había comenzado a padecer uno de los problemas, en su salud, que habrían de afligirle a lo largo de su vida. Luego del traslado de la escuela, en 1892, al nuevo edificio levantado frente a la plaza principal, notaba:
A mí me resultaron las nuevas aulas un martirio visual, porque las ventanas que estas tenían [...] poseían celosías de madera, y cuando los rayos solares molestaba a algunos alumnos estas se cerraban, quedando los salones en penumbra. Resultando, desde esos instantes, que yo quedara inhibido de poder escribir, leer, etc., porque mi vista no me permitía ver nada[7].
Durante su adolescencia, cuando -según se estima- se ocupó de asistir a su padre en sus negocios, mantuvo un fluido contactos con los primeros pobladores de 9 de Julio, muchos de los cuales había llegado con las fuerzas militares fundacionales o poco después, y entonces ya transitaban la ancianidad. Esos testimonios orales fueron, si se quiere, el comienzo de su  prolongada tarea de recopilación de recursos y fuentes para el estudio de la historia regional.
Esos relatos, la más de las veces informales, le permitieron acercarse al pasado del lugar de una manera directa, casi vivencial; accediendo, quizá sin saberlo, a informaciones que no habría de encontrar luego en documentos escritos, después de los avatares sufridos por los pocos repositorios que existían.
Una vocación política: la antítesis de sus principios
Era aún joven, cuando se incorporó a la vida política partidaria, en el comité local de la Unión Cívica Radical. A diferencia de las personas que, en su tiempo, se encontraban vinculadas a la actividad política proselitista y partidaria, Buevantura Vita no se adecuaba completamente al ambiente que se vivía en los comités y menos aún a la violencia que solía desatarse en los días previos a los comicios o durante ellos. Era susceptible, cuando había alcanzado su madurez, a discernir por permanecer doce horas corridas en el silencio y la quietud de su biblioteca en lugar de media hora entre los jugos de azar y el bullicio de los centros de propagandismo político que imperaban entonces.
 No eran pocos, entre sus correligionarios, quienes disentían de su escasa participación en esas formas de “vida política” que manifestaba Vita, aún cuando era integrante de una lista de candidatos[8]. Aún así fue llamado por su partido para ocupar cargos de relevancia, como los de concejal  y consejero escolar.
Las elecciones del 14 de abril de 1917 le permitieron acceder por primera vez al Consejo Escolar de 9 de Julio, corporación en la que ingresó el 1º de mayo del mismo, y donde comenzó desempeñando, entre otros, el cargo de tesorero[9]. A partir de allí permaneció poco más de tres años[10], Era evidente que gozaba de cierto prestigio entre sus camaradas, pues en las elecciones de diciembre de 1918 resultó ser el candidato, para el Consejo Escolar de 9 de Julio, que más votos había obtenido[11].
En la sesión del 2 de enero de 1919, a pesar de intentar denegar el ofrecimiento, Vita fue investido como presidente del Consejo Escolar. No obstante haber insistido, el electo, en que tal cargo debía corresponderle a Alejandro Muzio, el integrante más anciano de ese cuerpo, los electores se habían ratificado en su votación[12].
Su labor en esta primera etapa fue prominente, pese a algunos contratiempos surgidos, ajenos al Consejo, pero que incidieron en el servicio. Los dos informes que dan cuenta de su gestión son una especie de escaparate que exhibe su escrupulosidad por llevar, de manera prolija, cada emprendimiento[13].
No permaneció ajeno, en efecto, de los problemas internos que se sucedieron en el comité de la Unión Cívica Radical de 9 de Julio a comienzos de la décadas de 1920. En 1923, como consecuencia de un nombramiento efectuado por el dirigente radical Eduardo A. Fauzón en la persona del escribano Esteban Dufourg, había comenzado a producirse una severa fractura en el seno del radicalismo local. Los partidarios se encolumnaron tras las figuras de Fauzón y del senador Guillermo Gougy (recibiendo las motes de “fauzonistas” y “gougynistas”) y comenzaron una lucha encarnizada que, por su magnitud y peculiaridades, encuentra pocos precedentes en otras comunidades de la provincia[14].  Buenaventura Vita adhirió a la línea “gougynista”, si bien no existen, o al menos no tenemos noticias, fuentes que prueben el grado de afección ni  los móviles que lo llevaron a elegir militar allí.
Luego de alejarse del Consejo Escolar, en diciembre de 1920, las elecciones realizadas ese mes lo llevaron a integrar el Concejo Deliberante[15], por espacio de un año, entre el 1º de enero de 1921 y el 21 de diciembre del año siguiente en que renunció.
No retornó a la función pública hasta enero de 1926, cuando fue elegido nuevamente presidente del Consejo Escolar. En este tiempo, quizá por las influencias tendenciosas que recibió de algunos de sus colaboradores y correligionarios, su actuación no fue del todo feliz. Un urticante conflicto, en particular, vino a generar tensión entre el Consejo y la Asociación de Maestros de 9 de Julio, arrastrando como victima al director de la Escuela nº 4, Enrique P. Cano, quien en algún tiempo había militado en las filas del “fausonismo”[16]. Vita, sin dudas, no pudo eludir la ingerencia política de su sector en la gestión frente a ese organismo.
En mayo de 1928,  volvió al Concejo Deliberante[17], donde permaneció hasta el 18 de septiembre de 1930, en que fue dejado cesante al ser intervenida la provincia de Buenos Aires. En ese lapso, su labor como edil fue más destacada y prolífica: Fue elegido presidente de la Comisión de Hacienda y Obras Públicas[18] y en tal condición promovió algunos proyectos interesantes[19].
La docencia y las instituciones, un breve paso
Vita había obtenido el título de Procurador Universitario Nacional, aunque fueron escasas las ocasiones en las que le cupo ejercer su profesión. La empresa de pompas fúnebres de su padre, que había administrado hasta finales de la década de 1920, le permitió formarse una posición muy solvente que se vio aún más solidificada con las rentas que recogía de sus propiedades inmuebles.
Su vida, más bien despojada de las preocupaciones económicas, le permitieron disponer del tiempo necesario para sus investigaciones históricas, de las que nos ocuparemos más adelante.
Ejerció la docencia, por breve tiempo, desde comienzos de junio de 1931, en el Colegio del Pueblo, que funcionaba en la esquina de Bartolomé Mitre e Yrigoyen, con los auspicios del comité local de la Unión Cívica Radical. La dirección del mismo estaba a cargo de su esposa, Aurea Basilide Lozza, quien escaso tiempo antes se había acogido a los beneficios de la jubilación después de ocupar la dirección de la Escuela nº 1.
Vita junto a Manuel Valenzuela tenía a su cargo la asignatura Contabilidad, en el primer curso[20].
A pesar de su temperamento un tanto retraído y adusto, siempre más dispuesto a la soledad de su estudio, prestó su participación en varias comisiones especiales. Del mismo modo, la mesa directiva del Club Atlético “9 de Julio” lo contó como decidido colaborador, tanto así que, legó como herencia su biblioteca privada a esa entidad, voluntad testamentaria que no fue cumplida.

- II -
ABRIR EL CAMINO: UN FECUNDO TRABAJO INTELECTUAL
Cuando Buenaventura Vita comenzó sus investigaciones tendientes a reunir testimonios, documentos, informaciones, acerca de la historia del Partido de 9 de Julio, recorría por primera vez un camino inexplorado. Hasta ese momento, los archivos existentes en la ciudad no habían sido consultados sistemáticamente con la finalidad de acometer una investigación de carácter histórico; y, de hecho, eran muy escasos los textos que circulaban impresos o publicados en prensa acera del pretérito del lugar.
Todavía menos se había hecho para preservar las fuentes, los testimonios y otros bienes culturales del pasado. Sólo el escribano Carlos Ortiz Costa, en una acción poco valorada en sus inicios, había procurado salvar objetos y documentos y ponerlos a disposición de sus vecinos: Siendo concejal había proyectado una ordenanza, sancionada el 8 de julio de 1916, por medio de la cual creaba “bajo la dirección Municipal, un Museo Histórico relacionado preferentemente con todo cuanto haya principalmente de atingencia a este Partido”[21]. Era sumamente loable la iniciativa de Ortiz Costa, pero debieron transcurrir cuatro décadas para que su anhelo comience a cobrar verdadera forma.
En cierto modo, Vita llegaba tardíamente para la consulta del archivo de la Municipalidad de 9 de Julio, cuyos volúmenes comenzó a compulsar a comienzos de la década de 1920 y volvió a revisar –esta vez con mayor rigor- a partir del 24 de agosto de 1929[22]. En julio de 1917 habían sido destruidos incontables documentos cuyo alcance temporal se ubicaba entre 1884 y 1917[23].
No menos importante fue su trabajo por reunir fuentes hemerográficas, impresos y publicaciones periódicas aparecidas en 9 de Julio desde la década de 1880. Su colección, en este sentido, adquirió una importante dimensión.
A mediados de 1919 ya demostraba su interés en la reunión de información histórica, pues había dirigido una nota al coronel Nicolás de Vedia solicitándole, presumiblemente, informaciones acerca del fundador de 9 de Julio[24]. También, en diciembre del mismo año, requería a un amigo suyo, radicado en Los Toldos, información acerca de los aborígenes de la tribu de Coliqueo[25].
Su perseverante labor le permitió formar, al cabo de algunos años, uno de los archivos particulares más copiosos en la región, que no dudaba en poner a disposición de toda persona que se lo requiriese. La minuciosidad en el registro de los datos fue una característica en el proceso de recolección de la información. Vita llevaba un cuaderno donde ordenaba el relevamiento de fuentes, el cual efectuaba en los archivos de instituciones de gestión oficiales o privada, mientras formaba un sin número de "fichas" que luego empleó para la elaboración de Crónica Vecinal de Nueve de Julio, sobre la que nos referiremos más adelante.
A fines de 1933 había adelantado notablemente el texto de su obra. Le preocupaba reunir las ilustraciones necesarias para el mismo[26] y requería a uno de sus amigos que indagara acerca de un taller gráfico apropiado para la edición en formato libro. Sobre lo último, Pedro Eppherre, antiguo vecino de 9 de Julio que se encontraba radicado en la ciudad de Buenos Aires, le escribía:
Cumpliendo su encargo visité los talleres gráficos de Porter Hnos. y otro de la calle Lavalle... Días pasados hablando con un pariente literato que piensa editar una obra, le pregunté por el precio de una edición y dice que hoy cobran barato por la falta de trabajo...[27]
Al mes siguiente, le invitaba a viajar a aquella ciudad para “activar la edición de su obra”.
Bibliófilo y coleccionista
Si bien, Vita, es reconocido por el mérito innegable de ser el primer historiador de 9 de Julio,  no debe desestimarse sus condiciones de bibliófilo, filatelista y coleccionista[28].
No podríamos afirmar acabadamente que, al comienzo del segundo cuarto de la década de 1910 y principios de la siguiente, la sociedad de 9 de Julio se constituyera en un ambiente propicio para una actividad intelectual de esa índole; o, mejor aún, que en la idiosincrasia de la mayor parte de los habitantes del lugar pudiera comprenderse o alentarse la inquietud de un vecino por conocer su historia. Si las comparáramos con la situación de otras ciudades, no eran tan relevantes las manifestaciones culturales que surgían entonces. Ocurre que, tal vez, la preocupación de aquella sociedad estaba centrada en otros intereses, la búsqueda de una consolidación definitiva, un momento en el cual se iban generando los avances en el progreso urbanístico, tecnológico y económico del lugar[29].
Esa realidad, sin embargo, no lo desalentó. No sólo formó una monumental biblioteca, sino que también la estructuró para que fuera una herramienta más en su labor. En cada uno de sus libros, folletos y otros impresos, solía colocar un sello de 4 por 7,5 centímetros, en el cual anotaba la signatura topográfica del ejemplar (número de registro, sala, biblioteca, estante, tabla, materia), de modo que le resultara simple devolverlo al lugar donde correspondía.
Aún se conserva un pequeño dossier titulado "Guía de clasificación de la biblioteca de B. N. Vita", por medio del cual es factible conocer la organización de su acervo[30]. En este caso particular, la biblioteca se hallaba ordenada a partir de cinco clases  temáticas o posiciones: I. Generalidades, II. Ciencias, III. Letras, IV. Artes, y V. 9 de Julio. Más tarde, agregó una sexta, denominado "Provincia de Buenos Aires", donde agrupó las constituciones provinciales, leyes y otros diversos volúmenes. En el título correspondiente a "9 de Julio" había ubicado correspondientemente documentos originales, impresos y publicaciones sobre "periodismo local", "partidos políticos locales", "comisiones-juntas-gobiernos locales", "balances", "ordenanzas-decretos-memorias", "estatutos-reglamentos", "asuntos personales", "censos-estadísticas", "planos y cartografía local", "publicaciones oficiales", "correspondencia particular-postales diversas" y "correspondencia sobre asuntos públicos personal"[31].
En lo que respecta a su búsqueda de vestigios históricos de orden documental, como así también las colecciones numismática, medallístico e iconográfica, todas alcanzaron importante dimensión y puede sostenerse que, a lo menos cuarenta años de su vida, fueron dedicados al cuidado y al incremento de esas piezas.
Los Concursos de 1936 y 1947
En marzo de 1936, Buenaventura Vita fue invitado a participar del primer “Concurso de Monografías sobre la Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires”, organizado por el Archivo Histórico de la misma provincia y dispuesto por decreto del 7 de febrero de ese año. Si bien la fecha límite para la presentación de los trabajos era el 1º de julio, se apresuró a enviar los siete primeros capítulos de su obra completa, ya que uno de los requisitos era que los textos no excedieras las 150 páginas.
El título elegido para su monografía fue, como se verá, Crónica Vecinal de Nueve de julio. 1863-1870.
El 19 de junio, la auxiliar principal del Archivo Histórico, Guillermina Sors de Tricerri, recibía el paquete con el original y sus copias, de manos del sobrino del autor, Oscar Luchini, quien se encontraba radicado en La Plata. Al día siguiente, el secretario de esa institución, Rogelio Soria, se dirigía a Vita informándole que debía adecuar su presentación al reglamento del concurso, en lo que respecta al uso de la firma con pseudónimo[32]. Sin embargo, cuando su sobrino Oscar regresó al Archivo, en la tarde del 24 de junio, halló otras dificultades, entre las que resaltaban las inadecuadas dimensiones y los errores de tabulación en las páginas:
Hablé con el secretario –comenta Oscar Luchini a su tío-, el que me dijo que tu trabajo no se hallaba en condiciones reglamentarias pero que lo dejara. También me pidió que dijera que él te daba la seguridad que el trabajo sería considerado por los jurados que es lo que a vos más te interesaba... En las condiciones que está el tuyo hay otros tantos[33].
Empero no haberse ajustado la monografía a las normas fijadas para el diseño de la misma, el 17 de julio de 1936 fue seleccionada entre las mejores. El jurado, presidido por el doctor Ricardo Levene, director del Archivo Histórico de la provincia; el profesor Carlos Heras, presidente del Centro de Estudios Históricos de La Plata; Enrique Udaondo, director del Museo Histórico de Luján; el profesor Alberto Palcos, director de la Biblioteca Pública de la Universitad platense; el doctor Manuel M. Eliçabe, presidente del Círculo de Periodistas de la provincia; y ingeniero José Luis Burgüeño, director del Geodesia, recomendó la publicación de diez de las veintisiete obras presentadas, entre las cuales se encontraba Crónica Vecinal de 9 de Julio[34].
En la tarde del viernes 11 de septiembre de 1936 tuvo lugar la entrega de los diplomas a quienes habían participado del Concurso. Vita, quien no asistió a ese acto, se excusó en una nota dirigida al doctor Levene, a la vez que le solicitaba la remisión de su monografía para efectuarle nuevas correcciones.
A partir de esa fecha se ocupó de buscar las ilustraciones que aún no poseía, para insertar en la publicación que efectuaría, de su monografía, el Archivo Histórico.
Del mismo modo, se encaminaba hacia la conclusión de su opera omnia, con límite (¿parcial?) en 1900; y, a la vez, requería la colaboración de su amigo Eppherre para que le tomara apuntes en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
La muere de su hijo César Augusto, ocurrida en la madrugada del 15 de julio de ese año, había afectado muy hondamente su ánimo, lo cual se sumaba a los pesares que le causaba una grave enfermedad. Aún así, poco a poco, fue hallando un refugio, cada vez más intenso, en su trabajo historiográfico. En una carta al doctor Tomás D. West, le explicaba:
La obra completa que tengo en preparación e interumpió por ahora la muerte de “Petete”  [apodo con que llamaban a su hijo], que me dejó sin voluntad para nada, abarca del 63 al 900...
La obra es muy amplia, abarcará unas 750 páginas [...] pero no será editada hasta después que aparezca la edición del Archivo[35].
La fecha de conclusión del original mecanógrafo completo de su Crónica Vecinal, para el período temporal 1863-1900, lleva fecha 26 de octubre de 1936.
La monografía premiada en el Concurso de 1936 fue enviada al Taller de Impresiones Oficiales de la provincia a fines de julio del año siguiente[36]. En octubre, el historiador nuevejuliense, corregía las pruebas de imprenta[37] y en el primer cuarto del año siguiente el libro veía la luz, con el número XIV de la serie de publicaciones del Archivo, denominada “Contribución a la historia de los pueblos de la Provincia de Buenos Aires”.
El trabajo de Buenaventura Vita prosiguió tan dinámicamente como hasta entonces. Mantenía una fluida correspondencia con otros historiadores de la región, colaboraba en algunas publicaciones y se ocupaba de continuar nutriendo su valioso archivo.
En 1947 el Archivo Histórico de la provincia, organizó el “Segundo Concurso de Monografías inéditas sobre la historia de los pueblos”. En agosto recibía las Bases organizativas del mismo y el 24 de octubre remitía “un paquete conteniendo seis ejemplares de [...] ‘Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1871-1877’” que había “preparado para intervenir en el Segundo Congreso...”[38].
Esta vez había elegido participar con una “segunda parte” de su trabajo, nuevamente siete capítulos. Al principio había elegido el pseudónimo de “Claflaquen” para firmarlo, pero como ello no era requisito en el reglamento, optó por utilizar su nombre.
La Crónica  de Vita volvió a ser escogida, entre las mejores, con recomendación del jurado para su publicación. Pero, lamentablemente, aún permanece inédita.
Su participación en el Congreso de Historia de 1950
Entre el 25 y el 28 de septiembre de 1950, impulsado por el Archivo Histórico de la provincia tuvo lugar en La Plata el “Primer Congreso de Historia de los Pueblos”, que fue presidido por el doctor Ricardo Levene, y cuya organización había comenzado promediando el año anterior.
En marzo de 1950, Vita fue informado por el doctor Levene acerca de la realización del Congreso, a la vez que le requería el envío de “sugerencias y un informe sobre el estado de la documentación existente en los archivos locales [...] y los lugares y monumentos históricos del distrito”[39].
El nuevejuliense atendió la solicitud con particular diligencia. Pues, según puede deducirse de un texto que se encuentra al reverso de la  citada misiva, el 6 de mayo (“a las 16:20”) estuvo en la “Intendencia”; tres días más tarde, en la “Comisaría”; y el “12 de mayo en iglesia”, examinando los archivos o recogiendo información sobre ellos. Poco después remitió el Informe sobre el estado de los Archivos locales y, en la carta con que lo acompañó, sugería la iniciación de “un movimiento” que fomentada la preservación del material histórico-documental, aludiendo:
... nuestros abuelos en esto, tenían comprensión y conciencia de lo que significaba para el futuro, la conservación del acerbo documental, en vista al futuro[40].
Vita había conocido personalmente algunos casos de destrucción de documentación. En su archivo reunió una parte de los documentos que pertenecieron a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, de la cual su padre había sido fundador y presidente de la comisión directiva; pues, en cierta ocasión había encontrado al gerente de esa institución destruyendo papeles antiguos de manera indiscriminada.
El Informe fue publicado en las memorias del Congreso y daba cuenta del estado de los archivos de la Municipalidad de 9 de Julio, la parroquia, el Juzgado de Paz y la Comisaría de Policía:
El Archivo Municipal no se encuentra organizado, estando únicamente clasificada la documentación antigua desde 1886, y puesta en biblioratos a principios del siglo actual, la que alcanza hasta 1883 ó 1884, documentación que conozco en sus más mínimos detalles por haberla estudiado a toda ella en 1921. Existen varios libros copiadores de esa época con anotaciones diversas sobre la administración municipal. Con referencia al lapso 1884-1917 se puede decir que no existe nada, porque en julio de 1917, las autoridades de ese entonces, destruyeron la documentación correspondiente, haciéndola sepultar en un pozo de balde que existió en el patio del edificio municipal.
Existe el Archivo Parroquial con su correspondiente índice general de los registros parroquiales desde la creación en 1868 de la parroquia. Según me informó el teniente cura, desde principio de siglo forma parte del mismo la colección de la Revista Eclesiástica. 
Desde que se separaron las funciones de Juez de Paz de las de Presidente de la Municipalidad y el Juzgado de Paz se instaló en su local propio, tiene archivo, y actualmente se halla organizada toda su documentación hasta 1949, por años, con sus correspondientes índices.
Se informó que toda la documentación que había en la Comisaría, anterior a 1940, fue incinerada, no existiendo actualmente, empaquetadas, más que las órdenes del día, de los años posteriores hasta la fecha[41].
El 4 de septiembre, el doctor Levene le notificaba oficialmente que había sido designado miembro titular en el Congreso. No fue el único nuevejuliense en asistir, también lo hizo, en carácter de delegada de la Comuna, la docente Juana Elías de Mascheroni[42].
Antes del ocaso
Los últimos años en la vida de Buenaventura Vita no permanecieron ajenos al estudio del pasado de su pueblo. A pesar de que sus fuerzas tendían a doblegarlo proseguía su labor con entusiasmo.
Poco menos de un año antes de su muerte encontró un amigo que poseía comunes inquietudes, el padre Meinrado Hux, un monje suizo del Monasterio Benedictino de Santa María, en Los Toldos, de quien huelga realizar comentarios acerca de su eximia obra. El 26 de agosto de 1953, Hux le había solicitado, en préstamo, un ejemplar de su Crónica Vecinal y, desde entonces, surgió una rica correspondencia epistolar entre ambos, ocasiones en las cuales intercambiaban datos, libros y múltiples comentarios. En esas cartas es destacable observar que los años no habían apagado el ímpetu y la avidez por el saber.
Vita visitó al padre Hux, en su monasterio, el 4 de noviembre del mismo año y el segundo devolvió la atención el 5 de enero del  año siguiente y lo continuó visitando un poco más adelante: “Cada vez -recuerda Hux- que lo visitaba era una charla histórica, nos encontrábamos en nuestro tema, él con su 9 de Julio, yo con Los Toldos y los indios. Tanta confianza me tenía que abría, ante mi, su caja de seguridad, donde conservaba sus manuscritos, los cuales me prestaba para llevar a casa y tomarle notas”[43]. Esa amistad se mantuvo hasta la muerte de Vita, ocurrida en la noche del 20 de junio de 1954[44].
Lo que más me alegra –añade el padre Hux- de nuestra amistad y comunicación es que pude ayudarlo, en su última enfermedad, a prepararse...
Cuando supe que estaba gravemente enfermo fui a visitarlo. Conversamos un buen rato y al final le dije a la esposa que deseaba halar a solas con él... Le pregunté si estaba dispuesto a hacer la confesión, que yo era un sacerdote y podía brindarle ese servicio sacerdotal... Estaba lo más dispuesto, no tuvo ningún reparo, realmente abrió su corazón y yo él mío...
Lo he considerado como un buen amigo, más bien un padre[45].

- III -
SU OBRA
Quien pretenda realizar un estudio de la obra de Buenaventura N. Vita, deberá formularse, sin dudas, una pregunta inicial: ¿Es posible determinar la totalidad del trabajo de este autor?. De inmediato hallará el primer escollo: los límites temporales de su trilogía más importante, Crónica Vecinal de Nueve de Julio.
Como dijimos, en la actualidad pueden hallarse dos versiones incompletas de ella, cuyo período de estudio comprende 1863-1900, con un completo apéndice de autoridades oficiales hasta 1930. Pero, con todo, hay quienes sostienen que había escrito su Crónica con continuidad hasta 1930, de cuya existencia no tenemos noticias. Lo cierto es que, entre sus papeles, exceden las fichas de regesta con datos sobre hechos, estadísticas y otros aspectos del siglo XX.
Acaso, ¿después de haber finalizado esa parte de su obra en 1936, en  los poco más de tres lustros que le restaron de vida, no continuó escribiendo su obra,, incrementando el alcance temporal y sobrepasando el comienzo del siglo XX?. No lo sabemos con certeza.
Crónica Vecinal de Nueve de Julio
Los treinta y siete capítulos de Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900, que conocemos, en un principio los consideramos la primera versión de su obra, pero hoy es factible inferir que se trata de una versión más tardía, que en adelante la distinguimos así. La que Vita concluyó en octubre de 1936 estaba formada por treinta y ocho capítulos, pero de ella sólo se tienen fragmentos. En ambas versiones -así como en otra aún más incompleta, que aquí no tendremos en cuenta en razón de las limitaciones de espacio- se observa una estructura homogénea y semejante.
Es de notar que en todos los casos, aún en las monografías presentadas para los concursos de monografías, el autor omite añadir una introducción y una conclusión.  También, en el texto de 1936, se advierte la existencia de escasas notas y citas, a diferencia de la versión tardía y de la monografía premiada en el primer concurso.
En la primera parte de la obra, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870, que editó el Archivo Histórico de la provincia en 1938, como en los capítulos restantes inéditos, las fuentes primarias mayormente citadas corresponden al archivo de la Municipalidad de 9 de Julio. Esto permite suponer que el autor no conoció, por lo menos entonces, el contenido de otros repositorios importantes: el Archivo del Estado Mayor General del Ejército, el Archivo Inédito del General Mitre, el Archivo Histórico de la provincia y el Archivo General de la Nación.
En la bibliografía citada en la edición de 1938 aparece un título que, para ese entonces, ya parecía ser “raro”: "Episodios del Ejército Viejo", escrito por el teniente coronel Dolveo Guevara, quien había participado en la fundación del campamento y del pueblo de 9 de Julio.
Cuando estaba preparándose la impresión de Crónica Vecinal... 1863-1870, Guillermina Sors de Tricerri se dirigió a Vita solicitándole le enviara, para completar las citas de su monografía, la fecha y lugar de impresión de Números y Líneas del Ejército Argentino, de Adolfo Saldías y de Episodios del Ejército Viejo[46]. Evidentemente, si esta última hubiera resultado conocida o de consulta corriente, la auxiliar principal del Archivo Histórico no hubiera recurrido al autor requiriéndole esos datos[47]. Por otro lado, en 1941, el historiador  Carlos A. Grau escribió a Vita pidiendo le informara el lugar donde había consultado el libro de Guevara: "...no lo he podido hallar en las librerías ni en las Bibliotecas Nacional de Buenos Aires y de la Universidad de La Plata..."[48].
El empleo del testimonio oral, como fuente, cobra relevancia a lo largo de los treinta y ocho capítulo la opera omnia de Vita. Sin que le resulte imprescindible citarlos, ha recogido múltiples testimonios de vecinos del lugar, incluso de su padre. Así pues aparecen dos indicaciones explícitas en varias partes del texto.
Mejor aún, el relato de acontecimientos sucedidos en 1898 y 1899, lo acrecienta sus vivencias personales.
No en desmedro de otros aspectos del amplio contexto histórico, dio especial importancia, a las cuestiones políticas y, del mismo modo, a las particularidades de la vida partidaria en las diferentes corrientes. Tan preciso intentó ser en la presentación de esos acontecimiento que optó por omitir todo juicio al respecto. Son muy escasas las opiniones, de carácter personal, que aún como obligado protagonista, efectúa. Las escasas y muy recatadas apreciaciones que deja escapar, apartándose del narración fáctica, no alcanzan a formar una idea sobre la orientación que podría tener su análisis crítico. No obstante no creía en la ingenuidad de las fuentes. Cuando consultaba o transcribía un documento solía, aunque no directamente en su obra, manifestar su apreciación sobre la autenticidad o la tendenciosidad del contenido, usando un lenguaje franco y directo. En una ocasión localizamos una nota marginal de su puño y letra, en el texto del acta de una sesión del Concejo Deliberante,  donde luego de explicar el “error” que había encontrado concluía: “¡así se macanea!”.
Datos estadísticos y acerca de la demografía del Partido de 9 de Julio aparecen reiteradamente a lo largo de su Crónica. Empleaba, al parecer, dos fuentes esenciales: El archivo de la parroquia de 9 de Julio (hoy catedral), hasta 1889 y el de la delegación del Registro Provincial de las Personas, para los años sucesivos. También se advierte el uso de los cuadros descriptivos divulgados por la Revista de Educación, publicación oficial del Consejo General de Educación de la Provincia, entre más.
También recoge los datos de los dos censos nacionales, de 1869 y 1895, y del provincial de 1881.
Ante las limitaciones de carácter documental que podía hallar o frente a la ausencia de archivos institucionales, no escatimó en mencionarlos, destacado que si no daba más noticias acerca de tal o cual hecho se debía a la inexistencia de fuentes. Ese es, en efecto, el caso de la fundación y el protagonismo de la Logia “Igualdad” de 9 de Julio, erigida en 1878, de la cual Vita no disponía más que unos pocos datos. Reclamaba, en dos ocasiones, por el esclarecimiento del destino que habían tenido los archivos de ese taller masónico.
Trabajos menores
No resulta simple discernir la cantidad de obras o proyectos de trabajo que Vita efectuó a través de un tiempo tan prolongado. En 1956 su esposa donó su rico archivo a la comisión que trabajaba en la organización del Archivo y Museo Histórico. Tristemente, el tratamiento que, a lo largo de las décadas siguientes, recibió esa documentación, causó la pérdida de varias unidades documentales, muchas de las cuales ni siguiera se tiene conocimiento acabado. En consecuencia,  no es desestimable suponer que podrían haber existido otras obras inéditas menores escritas por este investigador.
De cuanto existe actualmente, sobreabundan un conjunto de sueltos manuscritos, apuntes borradores y otras anotaciones diversas[49], que no insinúan una completa unidad para considerar otros escritos monográficos o ensayos ulteriores. Sin embargo, se distingue un esbozo cronológico titulado El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, el cual lleva fecha 8 de junio de 1938.
De El Arte teatral y circense, su autor preparó un original y dos copias, que conservó juntas[50]. De estructura netamente cronológica, permanecieron casi olvidadas  hasta 1972 en que la profesora Elina Lidia Maldonado incluyó, el texto completo, en su Nueve de Julio (Pcia. de Bs. As.). Educación y Cultura, que presentó ante el Sexto Concurso de Monografías organizado por el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires[51].
Su opúsculo Remembranzas, del cual citamos algunos párrafos más atrás, es un texto menos formal, donde la evocación y el recuerdo personal ocupa un espacio central. Sus veinte páginas aproximan al lector a la vida estudiantil de una escuela de enseñanza elemental, en el primer quinquenio de la década de 1890.
Algunos artículos suyos aparecen publicados en un álbum que el periódico “El Orden” editó en 1938. En esa publicación, Vita había colaborado con el aporte de buena cantidad de fotografías.
Valoración de su obra
Más allá de todo cuanto se puede afirmar a respecto de este tema, en una breve reflexión final, deseo apenas traer la idea de un camino que se abre, se despeja, al estudio de la historia de 9 de Julio y su región, a partir de la obra de Buenaventura N. Vita. Difícilmente se podría estudiar ese pretérito sin recurrir a su Crónica Vecinal, a sus apuntes o a sus libros.
Otra noción que deseo rescatar, como modesta aportación, es la claridad con que, el autor, ha presentado cada uno de los acontecimientos, más allá de las limitaciones ya enunciadas. En cierto modo, como decía el filósofo Michel Barat al presentar un libro de su par, Henry Tort-Nougès, “la claridad de su lenguaje no sólo elimina dificultades de acceso sino que además reviste a la argumentación y a la exposición de toda la fuerza de la nitidez...”.
Por lo demás, no formularé aquí una conclusión, que me sometería a la enunciación de una idea definitiva. Dejemos, pues, que investigaciones más lúcidas y profundas nos adentren al universo de la obra de Buenaventura Vita, el primer historiador de 9 de Julio.

NOTAS


[1] HERNAN DIAZ ARRIETA (comp.), Arte de la Biografía, Buenos Aires, W. M. Yackson inc., 1948, pág. xxxv.
[2] Cfr. BUENAVENTURA N. VITA – ESTHER O. VITA, Efemérides de las Familias de Buenaventura N. Vita y Aurea B. Lozza de Vita, inédito (original, actualmente en poder de las familia De la Plaza-Luchini, 9 de Julio).
[3] Cfr. Archivo de la Catedral de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.C.), Libro de Matrimonios del Partido del Nueve de Julio, 1881, folio 18.
[4] A.C., Libro de Bautismos del Partido de Nueve de Julio, 1884, nº 12, folio 646
[5] BUENAVENTURA N. VITA, Remembranzas, 9 de Julio, 22 de junio de 1941, inédito, pág. 14 (el texto original se conserva en el archivo de la Escuela nº 1, 9 de Julio) .
[6] Ibidem, pág. 15.
[7] Ibidem, pág. 16
[8] Testimonio de Enrique Gornatti, vecino de 9 de Julio, recogido por el autor el 26 de septiembre de 1996.
[9] Archivo del Consejo Escolar de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.C.E.), Libro de Actas del Consejo Escolar de Nueve de Julio. 1918-1974,  folio 2.
[10] Cfr. Archivo de la Municipalidad de 9 de Julio, 9 de Julio (en adelante, A.M.), Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 5, folio779. Nótese que la signatura topográfica de los documentos citados para el Archivo de la Municipalidad de 9 de Julio corresponden a consultas realizadas entre 1992 y 1993.
[11] A.M., Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 6, folio 66.
[12] A.C.E., Libro de Actas..., cit., folio 12s.
[13] El textos de los informes de gestión del Consejo Escolar de 1919 y 1920, respectivamente, se encuentran en: A.C.E., Libro de Actas..., cit., folios 65-86 y 111-120.
[14] Mayores detalles acerca de ese tema véanse en: Entrevista radial de José Manuel Groesman a Vicente Galluppi di Cirella, periodista y director del periódico “El Porvenir”. Programa radial “Vivencias”, 9 de Julio, 19 de febrero de 1994 (existe grabación completa, en audio cassette, dos cintas).
[15] A.M., Libro de Actas..., nº 6, cit., folio 249. Véase también: “El Orden”, nº 8, 9 de Julio, 27 de diciembre de 1920.
[16] Testimonio de Eduardo Nicolás De Risio, amigo del profesor Enrique Cano, recogido por el autor el 5 de diciembre de 1996 (en audio cassette, una cinta). Acerca del conflicto aludido ver: “El Gráfico”,  nº 23, 9 de Julio, 4 de septiembre de 1928; nº 24, 9 de Julio,11 de septiembre de 1928 y nº 25, 18 de septiembre de 1928. Desde una perspectiva opuesta también pueden consultarse los volúmenes correspondientes a 1927 y 1928 del periódico “El 9 de Julio”.
[17] Cfr. “El 9 de Julio”, nº 2641, 9 de Julio, 20 de mayo de 1928.
[18] A.M., Libro de Actas del H. Concejo Deliberante, nº 9, folio 1.
[19] Cfr. Ibidem, folios 5-7, 14s., 20-21, 29s., 53s., 60, 65, 90, 127, 130s., 138s., 143-147, 150, 158, 165, 166, 168s., 189, 216, 
[20] “El Gráfico”, nº 908, 5 de junio de 1936, pág. 1.
[21] Archivo de la Asesoría Legal de la Municipalidad de 9 de Julio, Libro de Ordenanzas, nº 5, folio 59.
[22] Archivo y Museo Histórico “Gral. Julio de Vedia”, 9 de Julio, Área Archivística (en adelante, A.M.H.), Fondo “Buenaventura N. Vita”, cuerpo 4, Registro de los libros compulsados, manusc., pág. 1.
[23] ARCHIVO HISTORICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la Provincia de Buenos Aires. Reunido en los días 25 a 28 de setiembre de 1950, en homenaje al Libertador General San Martín, Eva Perón (La Plata), Dirección de Impresiones Oficiales, 1951, tomo I, pág.  293.
[24] A.M.H., Fondo “Buenaventura N. Vita” (en adelante, F.B.N.V.), cuerpo 4, Leg. Correspondencia sobre la Crónica Vecinal y Asuntos Históricos: Tarjeta de Nicolás de Vedia a Buenaventura Vita, Buenos Aires, 21 de septiembre de 1919.
[25] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Carlos Saint a Vita, General Viamonte, 17 de diciembre de 1919.
[26] Cfr. A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Gustavo Pastorino a Vita, Pehuajó, 11 de septiembre de 1933 y De Ventura Vita a su primo Buenaventura Vita, Salliqueló, 30 de septiembre de 1933.
[27] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.:  Nota datada en Buenos Aires, 19 de febrero de 1934.
[28] HECTOR JOSE IACONIS, “Mil años en cuatro décadas”, en “El 9 de Julio”, 9 de Julio, 22 de enero de 2004, pág. 9.
[29] Ibidem.
[30] Guía de clasificación de la Biblioteca de B. N. Vita. S.l.,  S.e.,  S.f., 12 págs., 23 x 14 cm. Mecanógrafo. Doble interlínea. Tinta negrea y rija con agregados manuscritos. Encuadernación de Buenaventura N. Vita. Signatura topográfica: A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, cajón 1, nº 1
[31] Cfr. IACONIS, loc. cit.
[32] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Rogelio Soria a Vita, La Plata, 20 de junio de 1936.
[33] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.
[34] Cfr. “La Nación”, Buenos Aires, 21 de julio de 1936, pág. 1. También: “El Tribuno”, 9 de Julio, 23 de julio de 1936, pág. 1 y “El Tribuno”, 6 de octubre de 1936, pág. 1.
[35] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Carta datada en 9 de Julio, el 14 de septiembre de 1936.
[36] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Rogelio Soria a Vita, La Plata, 28 de julio de 1936.
[37] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Vita a Soria, 9 de Julio, 26 de octubre de 1937 (copia).
[38] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Copia de la nota dirigida al director del Archivo Histórico de la provincia.
[39] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: Del director del Archivo Histórico a Vita, La Plata, 28 de marzo de 1950.
[40] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Vita al doctor Levene, 9 de Julio, 16 de mayo de 1950 (copia).
[41] ARCHIVO HISTORICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, op. cit., pág. 293s.
[42] (1905-1967). Reconocida historiadora, docente y museóloga, a quien se debe, ante todo, la organización del fondo documental de la Municipalidad de 9 de Julio, en la década de 1950. En diciembre de 2006, publicado por el Grupo Editor “K”, vio la luz una parte de su obra, con el título de Origen y fundación de 9 de Julio (102 págs.).
[43] Testimonio del  padre Meinrado Hux, recogido por el autor en la Abadía Benedictina de Los Toldos, el 23 de noviembre de 1996 (en audio cassette, una cinta).
[44] Archivo de la Delegación de la Dirección Provincial del Registro de las Personas, 9 de Julio, Libro de Defunciones. 1954, folio 108. Véase también “El 9 de Julio”, nº 4446, 24 de junio de 1954.
[45] Testimonio del  padre Meinrado Hux, cit.
[46] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Guillermina S. de Tricerri a Buenaventura Vita, La Plata,  el 8 de noviembre de 1937.
[47] IACONIS, “Un curioso ejemplar en la biblioteca del historiador”, en “El 9 de Julio”, 17 de enero de 2003, pág. 4. Artículo publicado on-line en http://archivum-historicum.blogia.com
[48] A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, Leg. Correspondencia..., cit.: De Carlos Grau a Vita, La Plata, 25 de marzo de 1941.
[49] Véanse, entre otros, los existentes en A.M.H., F.B.N.V., cuerpo 4, cajones 2, 3, 4 y siguientes.
[50] En nuestros días, se conservan en el Archivo y Museo Histórico de 9 de Julio. El original: VITA, Buenaventura Noé, El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, S.l., 8 de junio de 1938,   18 págs., 23 x 16,5, mecanógrafo, doble interlinea, tinta negra, con agregados manuscritos del autor en lápiz (costura original con hilo, encuadernación del autor), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 4. Las copias: * VITA, Buenaventura Noé. El Arte teatral y circense. Sus manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910, S.l., 8 de Junio de 1938, 17 págs., 23 x 16,5 cm., mecanógrafo, doble y simple interlinea, tinta negra, copia carbónica (costura original con hilo, encuadernación del autor), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 5 y ** VITA, Buenaventura Noé. El Arte teatral y circense. Sus Manifestaciones artísticas en Nueve de Julio 1883-1910.            S.l., 8 de Junio de 1938, 17 págs., 21,5 x 16 cm, mecanógrafo, doble y simple interlinea, tinta negra, copia carbónica (encuadernación del autor con broches), en A.M.H., F.B.N.V, cuerpo 4, cajón 1, nº 6.
[51] Véanse las págs. 45-55.